
No se puede ser libre hasta no haber eliminado las creencias con las que nos formaron.
Las Creencias son los pensamientos, en gran parte jamás cuestionados, con respecto a nosotros mismos y al mundo en general. Esas formas de pensamientos que no vemos nacen en nuestra imaginación y son almacenados en los bancos de la memoria de nuestro subconsciente para calificar nuestras experiencias tanto en nuestro mundo interno como en el externo.
Nuestras creencias nos predisponen al éxito o al fracaso.
Todo el mundo tiene múltiples creencias tomadas de muchas fuentes. La herencia genética, las tendencias familiares, las experiencias infantiles, las influencias culturales y numerosas impresiones de otras vidas son parte de la serie de creencias que definen nuestra experiencia en la realidad
Nuestros encuentros en el mundo exterior son un reflejo de nuestra realidad interior: nos convertimos en lo que pensamos; por ello, en el momento en que cambiamos nuestros pensamientos, nuestra vida cambia.
Nuestras creencias establecen los preceptos de como queremos manejar nuestro ser biológico
Hemos nacido con muchísimas habilidades; sin embargo, nuestras creencias insisten en el hecho de que somos impotentes; por ello, estas habilidades están bloqueadas o, incluso, se han erradicado de las conexiones neuronales a una edad muy temprana.

La clave para solucionar la gran crisis planetaria con la que nos estamos enfrentando se halla en el humilde reconocimiento que la humanidad ha desarrollado, una especie de miedo colectivo ante el poder de crear. Estos tiempos exigen que conozcamos nuestra mente y nuestras creencias para convertirnos en un creador extraordinario de nuestra realidad.
Nuestra elección en la realidad física se basa en lo que nosotros creemos que es posible.

La cavidad interior del cerebro es una cámara que resuena y actúa como un transformador energético de las radiaciones cósmicas, que son la fuerza vital o chi, que entrega las helio grafías para la vida. Nuestra visión del espacio y del tiempo se crea esencialmente a través de nuestra propia biología. La actual metamorfosis de la conciencia puede conduciros a abrir y activar nuevos mecanismos sensoriales que van más allá de los cinco sentidos del gusto, tacto, oído, olfato y vista. Los poderes psíquicos son una parte natural de nuestra tecnología interna, son herramientas para un mejor manejo interior.
Cuanto más conscientes seamos del programa que funciona en nuestra computadora biológica, más fácil será crear aquello que deseamos.

Nuestras células emiten lo que somos (llevamos un gran cartel en nuestro campo energético) mediante frecuencia y telepatía. Nuestras células también escuchan todos nuestros pensamientos (conscientes, subconscientes o inconscientes) y, como resultado, se están modulando continuamente para enviar la señal exacta para atraer lo que queramos. Luego, debido a una serie de sincronicidades, nos encontramos con el camino de la oportunidad, que nos conecta con aquello en lo que nos hemos centrado, y esto, a su vez, está fuertemente ligado a nuestras creencias con respecto a nosotros mismos.
Las creencias son muy poderosas y, tanto si las conocemos como si las ignoramos, son las que preparan el escenario para nuestras experiencias.

Honestamente, ¿realmente sabemos lo que creemos?
- ¿Hemos elegido conscientemente nuestras creencias y las hemos ubicado en nuestra psique tal como plantaríamos las flores en nuestro jardín?
- ¿Qué creencias hemos heredado como atesoradas reliquias familiares?
- ¿Qué patrones comunes recorren los genes de nuestra familia?
- ¿Qué asuntos específicos tienen en común los miembros de diferentes generaciones de nuestra familia?
- ¿Qué situaciones reaparecen una y otra vez tanto para nosotros como para nuestra familia?
- ¿Cuántas veces somos nosotros las estrellas trágicas de todo el espectáculo?
- ¿Qué pensamientos y sensaciones tenemos al despertarnos por la mañana?
- ¿Qué pensamos de los sueños?
- ¿Qué sensación nos produce nuestro dormitorio y para qué lo usamos?
- ¿Qué sensaciones aparecen cuando evacuamos y cuando nos aseamos?
- ¿Qué valor asignamos a nuestro cuerpo?
- ¿Qué pensamos del sexo?
- ¿Tenemos una influencia benigna sobre nuestro cuerpo, o, al contrario, ejercemos una influencia negativa sobre él?
- ¿Para que utilizamos nuestro cuerpo?
- ¿Qué pensamos de los alimentos y el papel que juegan en nuestra vida?
- ¿Qué significa para nosotros la palabra «hogar»?
- ¿Qué influencia ejerce nuestra familia sobre nuestra conducta?
- ¿Qué sensaciones tenemos con respecto a la risa y la diversión?
- ¿Qué creemos que es posible lograr en esta vida?
- ¿Qué creemos que nos merecemos en esta vida?
Con estos pensamientos en mente, anota en un papel a lo largo de los próximos días por lo menos una docena de creencias personales respecto a una serie de temas. Anota las creencias en forma de declaraciones, un rosario personal de los así llamados hechos de la realidad. Asegúrate de que incluyes las creencias con respecto a la salud, la riqueza y la felicidad. No mires el papel durante una semana y luego lee honestamente esas declaraciones. ¿Cómo te sientes con respecto a lo escrito? ¿Es tu vida un reflejo de lo escrito? ¿Tus creencias son útiles para tu vida y mejoran tu bienestar? ¿Con cuántas creencias te sientes feliz? ¿Cuántas creencias te gustaría cambiar? ¿De qué manera te demuestran cómo utilizas la energía vital de la existencia para crear vida?
La información o las creencias que nos son impuestas no constituyen el cuadro completo de la realidad; por ello, con frecuencia vivimos nuestra vida en un solo camino de la existencia y mientras tanto nos estamos perdiendo un gran número de oportunidades no mencionadas, porque aceptar las creencias que nos limitan es como llevar una camisa de fuerza durante toda la vida.Para poder entender y sanar la locura, la inestabilidad y la aparente inseguridad de estos tiempos difíciles, primero debemos aprender a manejarnos nosotros mismos.
Aprender a manejar la energía en el mundo material es una de las razones por la que estamos aquí. Nuestro cuerpo es nuestra primera y más importante responsabilidad y éste sigue en principio nuestras órdenes. Nuestra intensidad emocional es la carga de poder que hay detrás de las frecuencias de nuestros pensamientos. Lo que sentimos con respecto a nosotros mismos y al mundo en general afecta directamente a las funciones y los sistemas operativos de nuestra forma física.Los sentimientos se alimentan de las creencias (sobre todo los sentimientos de entusiasmo) y cuando sigamos a nuestros sentimientos siempre nos toparemos con nuestras creencias.
Cuando nos sintamos bien con nosotros mismos, nuestro mundo exterior nos reflejará este estado mental y, cuando nos sintamos mal y frustrados, también se reflejará en el mundo exterior.
Las limitaciones, frustraciones y bloqueos pueden ser examinados desde una perspectiva reveladora. Si aceptamos nuestra parte en la creación de cualquier situación de nuestra vida (sin culparnos a nosotros mismos ni a nadie ajeno) nos acercamos a ella con la actitud de que todo lo que encontramos tiene un propósito y desbloqueará el victimismo que ha condicionado durante tanto tiempo a la humanidad.
Acabar con el victimismo es un paso importante en el sendero de la recuperación del poder. No obstante, aquellos que eligen vivir una realidad carente de semejante inteligencia emocional se sentirán cada vez más encerrados en un orden del mundo en el cual el sentido de la vida se pierde. Aquellos que eligen el amor (y se atreven a sentir la profundidad de ser) y asumen la responsabilidad de sus acciones y buscan el sentido de la vida se darán cuenta de que un mundo lleno de vida significativa desplegará su inteligentemente escondida presencia.
Integrar nuestra creencia personal en nuestra autoestima innata es una inversión excelente de nuestro tiempo y de nuestra energía.
Nosotros llevamos las riendas de la energía vital que nos sostiene y que nos conecta con una realidad cósmica más amplia. Cuando abdicamos e ignoramos nuestra habilidad de crear la realidad, en el fondo estamos transfiriendo nuestro poder para que otros nos manejen.
La tendencia de pensar que otros nos van a salvar es algo que se ha grabado a fuego en los seres humanos.
Nadie nos va a salvar: para florecer y crecer tenemos que aceptar hacernos cargo de nuestras vidas.
Nuestros sentimientos son importantes para comprender cómo funcionamos. Una vez más, cuando seguimos nuestros sentimientos encontramos nuestras creencias, y cuando descubrimos nuestras creencias, nos hallamos cara a cara con el concepto que usamos para construir nuestra versión de la realidad. Para ampliar nuestra conciencia y sentir que el poder es nuestro, tenemos que estar dispuestos a examinar los pensamientos descubiertos por nuestros sentimientos, ya que éstos, una vez observados y examinados, pueden ser rastreados hasta sus orígenes y pueden desvelar sus propósitos.
No es cierto que estemos perpetuamente imbuidos en nuestros pensamientos o al ser que pensamos que somos ni tampoco estamos limitados eternamente por la sangre de nuestros antepasados. Somos un producto que hemos fabricado nosotros mismos, un cúmulo de ideas y experiencias que han sido recogidas a lo largo del tiempo y lo podémos utilizar a nuestro favor para construir la versión de la realidad que deseamos profundamente. El conocimiento es poder y nos sería muy útil recordar este antiguo y obvio dicho. Cada pensamiento que tenemos tiene un poderoso impacto en nuestro mundo.
La claridad en el pensamiento, en la palabra y en los hechos es de vital importancia para crear una versión apetecible de la vida. En los tiempos antiguos, el poder de la palabra se conocía como el arte de la vieja magia. El lenguaje es una herramienta poderosa para dirigir la energía y manifestarla en la forma. Se Sugiere que elijamos nuestras palabras con cuidado y certeza, sabiendo lo que queremos y estableciendo intenciones claras y positivas con respecto a nuestro propósito. El alcance de metas valiosas y de ideas es esencial para sentir el poder personal. Cada pensamiento y cada palabra influye en el gran almacén de las memorias de la mente subconsciente (pensamientos y palabras propios o aquellos que proceden del mundo exterior).
Nuestra mente consciente da la orden y la mente subconsciente es el centro de procesamiento donde se filtran las directrices o creencias para posteriormente llevarse a cabo. Recuperar el poder en nuestras vidas comienza con el hecho de que tengamos el control sobre nuestros pensamientos. Somos nosotros los que tenemos que decidir lo que queremos y luego conseguirlo; de otra manera, nuestra orden no tendrá ninguna intención consciente para dirigir el curso de nuestra vida.
La felicidad y la paz mental son las características de una verdadera recuperación de poder y están ahí cuando nuestra intuición y nuestros valores están equilibrados.
Con seguridad, algunas de las creencias más profundas que encierran a la humanidad en infinitos lazos de confusión proceden de antiguas leyendas relacionadas con el origen del ser humano.
En la tradición judeo-cristiana, la historia de Adán y Eva dice que fue la mujer la que conversó con la serpiente y luego, siguiendo su innata curiosidad y los parámetros de su intuición, cometió supuestamente un grave pecado que tuvo como consecuencia que la humanidad fuese alejada para siempre del paraíso. A lo largo del tiempo, millones y millones de personas han construido su vida en torno a ese cuento, creyendo fielmente que todavía tienen que pagar por esta supuesta transgresión.
En cada mito se esconde siempre una parte de verdad, ya que son variaciones de enseñanzas apreciadas durante muchos años o creencias respecto a la naturaleza de la realidad, además de registros que se han transmitido a lo largo de nuestro linaje ancestral. Sin embargo, la verdad se aplicará de acuerdo con cómo se ve el evento en la imaginación, que es donde se forman las interpretaciones. Este mito en particular ha suscitado innumerables visiones reales de la realidad: la desobediencia resulta cara, por lo que es mejor obedecer; sólo Dios es omnipotente: uno no se puede fiar del cuerpo ni tampoco se puede confiar en las mujeres; nunca hagas caso a una serpiente; la humanidad es impotente y está pagando muy caro el incontrolable impulso de una mujer; las mujeres no son aptas para ser líderes; la humanidad no se merece a Dios y por ello «la caída» a un mundo cruel y duro es el castigo que sigue vigente.
De una manera u otra, las implicaciones de vergüenza e impotencia residen en la base de esas interpretaciones aceptadas de esa historia tan respetada que confirma totalmente la enraizada creencia cultural de victimismo, el peor estado y con total ausencia de poder. La impotencia procede de la creencia de que no tenemos ningún control sobre nuestro entorno y queda reforzada con la consideración de que el pasado es una situación válida para eventos presentes y futuros. La necesidad se basa en el deseo de que otro moldeara nuestro destino.
No somos pecadores, no tenemos culpa ni tampoco somos impotentes.
Cuando elegimos creer que debemos adorar, venerar e imitar a seres cuya conducta es, supuestamente, mejor que la nuestra, no nos estamos haciendo ningún favor. Somos iguales a cualquier campo de la existencia y cualquier parte de la creación.
La naturaleza es el sistema que nos sustenta y somos libres de cuestionar la existencia.
El campo de la existencia no tiene límites y es benévolo y, en consecuencia, nosotros somos una maravillosa e ilimitada parte de la creación. Recordemos que nuestras creencias son una parte integral de nuestro campo energético personal; de hecho, son una forma de magia. La magia es la habilidad de hacer que algo tome forma, y con las creencias ocurre lo mismo; creencias colectivas crean conjuros colectivos.
A lo largo del tiempo, las creencias han sido manipuladas y modificadas hasta convertirse en acuerdos colectivos en la experiencia espacial en 3D. Nuestro marco personal de creencias determina lo que percibimos. Proyectamos nuestra propia energía hacia fuera para formar el mundo físico, hecho muy importante para comprender las creencias y la magia: para cambiar el mundo, primero tenemos que cambiar nosotros mismos.
Muchas creencias comúnmente aceptadas, han comenzado a parecerles poco importantes e incluso estúpidas, para un número creciente de personas porque, individual y colectivamente, la humanidad se está transformando a un estado de Consciencia que ya no está en sintonía con ellas.
